María Reina de laPaz

María Reina de laPaz
Medjugorje

martes, 17 de agosto de 2010

DEJAME SER

Riega el amor que hay en mi corazón
Como riegas las plantas con la lluvia,
Dame alas para volar cerca de ti
Como las aves lo hacen próximas a tu cielo.
Dame la belleza que tus ojos anhelan
Como les has dado la hermosura a un paisaje,
Déjame saber a sal ya que es irreemplazable
Como lo es la pureza del mar.
Ayúdame a ser transparente y cristalina ante ti
Como lo es el agua del Río.
Déjame estar llena de tus perfumes
Como las rosas en primavera,
Deja que mi corazón sea tierra fértil a tus palabras
Como lo es para el grano de trigo.
Déjame ser una suave melodía a tus oídos
Como el cantar de los pájaros por la mañana,
Deja que mis brazos sean altos como montañas
Para poder acariciarte cada día.
Déjame ser como el hielo
Y derretirme cada día en tu amor,
Déjame ser como el fuego
Arder cada día en ti y por ti.
Déjame transformarme en ceniza
Victima de la llama de tu misericordia,
Déjame ser como la lluvia
Y saciar tu sed de mí.
Déjame ser como el sol
Para iluminar a mí hermano que aún no te conoce,
Déjame ser noche
Para acompañar aquél que está en soledad.
Déjame ser luna
Para ser cómplice del amor,
Déjame ser amor
Para despertar los corazones dormidos.
Déjame ser Cruz
Para que todo el que me mire te vea a ti.
Déjame ser lo que tú quieras que sea
Y seré feliz si es tu voluntad.

ESTACIONES DE AMOR

Una brisa roza suavemente mi rostro
Su dulzura me da escalofrío,
Mi ojos buscan tímidamente tu mano
Se que me has regalado una caricia.

Un rayo de sol entra por mi ventana
Un nuevo día me espera allí afuera,
Mi corazón busca modestamente tus ojos
Se que me has iluminado con tu mirada.

La lluvia inundó todo mi camino
Las gotas empaparon mi cuerpo,
Mi alma busca humildemente tus lágrimas
Se que estás perdonando mis pecados.

La tormenta no me deja salir del lugar
Los vientos soplan cada vez más fuerte,
El martirio silencioso de mi ser te agradece sencillamente
Por la purificación que me regalas este día.

Un rayo cayó muy cerca de mis pies
Todo alrededor tembló y me asusté,
Pero mi espíritu confió ciegamente en ti
Sabía que eras tú quien me llamabas a servirte.

Las estrellas brillan en la profundidad del cielo
Y a pesar de ser pequeñas llaman mi atención,
De la misma manera prometiste que serían
Mis oraciones hacia ti Jesús.

Una nube oscureció mi entendimiento
Me detuve a buscarte entre tinieblas,
Sentí en todo mi interior y no dudé
Que apagaste mi razón y encendiste mi amor.

La primavera me sorprendió en tus brazos
El verano caminando de tu mano
El otoño comenzó con tus pasos
El invierno me encontró en tu corazón.

GRACIAS

En la oscuridad más profunda del alma
Cuando ya no había consuelo,
Cuando todo estaba perdido
No quedaban ya palabras de alivio.

Sumergida en un mundo que no era el mío
Disfrutando de cosas que no me hacían feliz,
Todo era más importante que el Señor
El centro de mi vida estaba lejos de Él

Las sonrisas ocultaban un dejo de tristeza
La tristeza tenía sabor a culpa,
La culpa no me dejaba avanzar
E intentar avanzar sin ti fue imposible.

Hasta que apareciste y me miraste
Sin decir una palabra me llamaste,
Sin preguntar quien eras te reconocí
Sin decirte quien soy ya sabías mi nombre.

En el martirio más profundo de mí ser
En los placeres vanos de esta tierra,
En el pecado y la miseria estaba sumergida
El ruido invadió por completo mi corazón.

Intenté escaparme de la lujuria
Ya mis fuerzas no servían de nada,
Intenté calmar mi conciencia
Pero no encontré remedio alguno.

Agotados los recursos no encontraba medicina
Que apaciguara la sed de mi alma, que le diera alegría,
Que calmara tempestades, que frenara tanta desolación,
Que alejara mi desdicha, que le diera sentido a mi vivir.

Hasta que apareciste y me miraste
Sin decir una palabra me llamaste,
Sin preguntar quien eras te reconocí
Sin decirte quien soy ya sabías mi nombre.

Cuanto tiempo alejada de ti Jesús
Que ciega estuvo mi mirada que no te vio,
De piedra mi corazón sin tu amor
Sólo pecado y miseria en cada rincón.

Gracias por tu misericordia
Gracias por tu perdón
Gracias por tu consuelo
Gracias por la Santa Confesión.

sábado, 14 de agosto de 2010

NO PERMITAS SEÑOR

Quítanos el velo de nuestros ojos
Rompe la coraza de nuestro corazón,
No permitas que seamos tan ciegos Jesús
Y no veamos los prodigios más grandes de la vida.

Disfrutar cada paso que doy camino a tu casa,
Caminar hasta tu iglesia cada día,
Recorrer con mis pies el pasaje hasta tu altar
Peregrinar por las calles en tu nombre.
Cuantos quisieran caminar hacia ti y no pueden.
No permitas Señor que mi corazón quede inválido.

Poder arrodillarme ante ti y suplicarte,
Dulce movimiento el de mis rodillas al flexionarse,
Infinitas las gracias que a los pies de tu cruz
Recibo al postrarme.
Cuantos quisieran rendirse en tu presencia y no pueden.
No permitas Señor que me quede parada ante ti.

Levantar la mirada hacia el cielo,
Ver la hermosa cruz que cargaste por mi,
Apreciar el milagro del pan y el vino
Convertirse en tu cuerpo y en tu sangre.
Cuantos quisieran verlo y no pueden.
No permitas Señor que mi alma quede ciega.

Alabarte día y noche, hablarte al oído
Suplicarte a gritos tu misericordia,
Cantarte y gloriarte intensamente
Rezar el rosario a viva voz.
Cuantos quisieran nombrarte y no pueden.
No permitas Señor que calle mi testimonio de fe.

El amor y la dulzura de tus palabras
La melodía que me acercas en una canción,
El consejo sabio del sacerdote
Los testimonios maravillosos que hablan de ti.
Cuantos quisieran escucharlo y no pueden.
No permitas Señor que mis sentidos sean sordos.

Amarte infinitamente y entregarme a tu voluntad,
Ser fiel a tus mandamientos a cada segundo,
Vivir bajo el manto de María y en lo profundo de tu corazón,
Llenar mi espíritu con la Santa Misa.
Cuantos quisieran y aún no conocen tu amor.
No permitas Señor que mi corazón se aleje de ti.

CUANTAS GRACIAS

Ni la eternidad me alcanzará Señor
Para agradecerte por tanto amor.

Si tan sólo nos diéramos cuenta
Que no nos alcanzarían mil vidas
Para darle las gracias a Dios,
Empezaríamos en este instante.

Que regalo divino Amado Mio
Ir a verte cada día a tu casa,
Que milagro perfecto la eucaristía
Mi alimento de amor, la razón de mi alegría.

Que hermoso es donarse a tu amor,
A tus brazos, a tu infinita misericordia;
Que gracia celestial que nos recibas
A pesar de nuestras miserias.

Que poderosas son tus palabras,
Sanadoras tus caricias y tu mirada,
Que maravilla tu silencio y tus susurros al oído,
Y entregarse a ti llena de paz el alma.

Que delicadeza tienes para llamarme
Con que paciencia buscas enamorarme,
Que sinceras y humildes tus promesas
Increíbles tus designios y tu grandeza.

Que martirio perfecto elegiste para mi alma
Que caminos turbulentos e increíbles para el corazón,
Que efectivo y sincero eres con mi razón
Infinitas son las veces que me das tu perdón.

Si tan sólo nos diéramos cuenta
Que no nos alcanzarían mil vidas
Para darle las gracias a Dios,
Empezaríamos en este instante.

Ni la eternidad me alcanzará Señor
Para agradecerte por tanto amor.

domingo, 8 de agosto de 2010

FRENTE AL SANTÍSIMO

Como se llena de brillo de tu mirada
Como se impregna de dulzura tu sonrisa,
Como cambia la expresión de tu cara
Como se llenan del Espíritu Santo tus palabras.

Como rebosa de paz tu alma
Como se colma de alegría tu corazón,
Como se fortalece tu fe
Como vives en eterna comunión.

Como se notan las huellas de Jesús en tu vida
Como se percibe el perfume de María a tu lado,
Como cambia la expresión de tu rostro
Como se llena del Espíritu Santo tu existencia.

Como rebosa de paz tu alma
Como se colma de alegría tu corazón,
Como se fortalece tu fe
Como vives en eterna comunión.

Como se colman de caridad tus acciones
Como resplandecen las obras de tus manos,
Como cambia la expresión de tus facciones
Como se llena del Espíritu Santo tu presencia.

Como rebosa de paz tu alma
Como se colma de alegría tu corazón,
Como se fortalece tu fe
Como vives en eterna comunión.

Como cambias de aspecto cuando estás junto a Jesús
Como cambia todo tu ser si estás con María,
Como cambia tu vida si le dices sí a Dios
Que hermoso eres frente al Santísimo Sacramento del altar.