Los ruidos del corazón
Las dispersiones de la mente,
El dolor que el pecado dejó
No permiten sumergirme en oración.
Se hace imposible juntar mis manos
La luz del cielo me encandila para mirarlo,
Mis palabras suenan huecas al hablarte
Y rezar es en vano aunque vuelva a intentarlo.
Una espada atraviesa mi alma
Y no me deja avanzar,
Mi corazón ahora es de piedra
Porque ya no puede orar.
Si no puedo hablar contigo
Si a los pies de tu cruz sólo puedo llorar,
Si al buscarte no te puedo encontrar
Ven a rescatarme Señor porque ya no puedo más.
Oro y nada siento
Te hablo y ya no escucho,
Te busco y no te encuentro
He caído en un vacío profundo.
Te ofrezco una lágrima
Te regalo mi plegaria,
Exclamo tu nombre con desesperación
Me entrego a tu misericordia mi Dios.
No soy digna de nombrarte
Mucho menos de mirarte,
Pero si tú no vienes a buscarme
Podría morir en este instante.
Mi oración sufrió una gran transformación,
El Padre Nuestro y el Dios te Salve
Son imposibles de recitar,
Ahora sólo te ofrezco pequeños sacrificios
Que nacen desde mi corazón.
Una mirada, una sonrisa, un abrazo, una canción
Los buenos días al levantarme y un hasta luego al acostarme,
Buscarte entre nubes para mirarte
Recordarte que aquí estoy para amarte.
Hablar de ti al que aún no te conoce
Cargar mi cruz aunque nadie lo note,
Rendirme a tus pies y entregarte mis miserias
Aclamarte día y noche aunque sea a mi manera.
Oro y nada siento
Te hablo y tu me escuchas,
Te busco y me encuentras
He caído en tus brazos
Aunque por mi orgullo no logre darme cuenta…
No hay comentarios:
Publicar un comentario