María Reina de laPaz

María Reina de laPaz
Medjugorje

viernes, 25 de marzo de 2011

No todo está perdido

Mis ojos ya no pueden ver
No logran apreciar la belleza de tu rostro
Ni consiguen posarse en tu mirada
La ceguera los ha invadido enteramente.

Mis manos ya no pueden tocarte
No logran trabajar por amor a ti
Ni consiguen servirte con amor
El vacío las ha invadido totalmente.

Todo parece perdido y el desierto se ha apoderado de mí ser
Todo parece perdido y la oración se ha vuelto mi peor enemiga
Todo parece perdido y tus palabras me parecen vacías
Pero cuando todo parece perdido me sumerjo en la eucaristía.

Mi corazón ya no puede sentirte
No logra hallar tu consuelo
Ni consigue sumergirse en tu amor infinito
La sequedad lo ha invadido casi por completo.

Mis oídos ya no pueden escucharte
No logran percibir tus palabras
Ni consiguen distinguir tu voz entre tanto bullicio
La sordera los ha invadido íntegramente.

Todo parece perdido y el desierto se ha apoderado de mí ser
Todo parece perdido y la oración se ha vuelto mi peor enemiga
Todo parece perdido y tus palabras me parecen vacías
Pero cuando todo parece perdido me sumerjo en la eucaristía.

Mis pies ya no pueden seguirte
No logran dar más de un paso sin tropezar
Ni consiguen caminar con firmeza
El miedo a caerse los ha invadido plenamente.

Mi boca ya no puede alabarte
No logra pronunciar tu nombre sin sentirse indigna
Ni consigue aclamarte entre tanta distracción
El silencio ha callado mi voz y la ha invadido profundamente.

Mis sentidos ya no están puestos en ti
No logran resguardarse del mundo
Ni consiguen alejarse del pecado
La poca fe los ha invadido absolutamente.

Todo parece perdido y el desierto se ha apoderado de mí ser
Todo parece perdido y la oración se ha vuelto mi peor enemiga
Todo parece perdido y tus palabras me parecen vacías
Pero cuando todo parece perdido me sumerjo en la eucaristía
Y es ahí cuando vuelvo a nacer y tu me das la fortaleza de cada día.

martes, 22 de marzo de 2011

Te vi llorar

Hoy te vi llorar y me quedé inmóvil
No supe que decir, que hacer;
Sólo te miré y sentí un nudo en la garganta
Una lanza atravesó mi corazón.
Las lágrimas recorrían tus mejillas
Tus ojos sollozos apagaban ese brillo especial,
Y con una mirada sincera y humilde
Me transmitiste el inmenso dolor que te habitaba.
Las ganas de salir corriendo me invadieron
Y quise evadir esa responsabilidad tan grande,
Que todo mi ser sintió
Al postrarse a tu pies y descubrir tu dolor.
Empecé a sentir como mi respiración se entrecortaba
Mi pecho estaba a punto de estallar,
Los pensamientos irrumpieron completamente mi mente
Y sólo deseaba poder gozar del misterio de la confesión.
El resplandor de tus vestiduras comenzó a opacarse
A medida que me acercaba a ti,
Y de manchas se llenó cuando estuve a tus pies
Y tomaste mi alma en tus manos.
Escuché tus ruegos Madre mía
Y pude sentir la desazón que moraba en ti,
Por haberme alejado tanto de tu hijo
Y resistirme a cumplir su voluntad.
Me suplicaste que vuelva mi mirada hacia Jesús
Que cargue con mi Cruz y lo siga,
Prometiste alejar todos mis miedos
Y que caminarías a mi lado hasta que mi espíritu repose en Él.
Respondí soy débil para seguirlo
E indigna de estar en su presencia,
Dame fortaleza Virgen Santísima,
Porque nada lo puedo con mis frágiles fuerzas.
Cuanto más te veneraba, más aún tú llorabas
Recordé cada momento que viví de sufrimiento,
Y descubrí que siempre junto a mi estabas
Para sostenerme y consolarme aún cuando de ti me alejaba.
No encontraba la manera de calmar tu tristeza
Y entendí que sólo podía lograrlo,
Cuando con un corazón contrito y arrepentido
Logre confesar mis pecados y a Jesús entregarlos.
Cálmate ya Madre mía que este desgarro me está matando
Perdón por todo el daño que te he ocasionado,
Tómame fuerte de la mano
Y vuelve mi corazón hacia tu Hijo amado.
Ya no llores por favor te lo pido
Y haz que vuelva a retomar el camino,
Que con amor y dulzura marcaste en mi vida
Para que more en mí el Dios vivo.
Muéstrame toda la miseria que habita en mí
Quita el velo de mis ojos y dame la calma,
Que necesito para estar a los pies de la Cruz
Y que con su gran misericordia sane mi alma.
Me entrego enteramente a tu Corazón Inmaculado
Y no permitas que vuelva a alejarme de tu lado,
Toma lo poco que queda de mi corazón traspasado
Que se ha sumergido en la llaga de su costado.

miércoles, 16 de marzo de 2011

El corazón

La soledad se hizo carne en mi
La noche se apoderó de mis pensamientos,
La duda y el miedo dominaron mis sentimientos
Y mi fe se debilitó cada vez más.

Una tristeza inmensa me habitó
Te pedí que abrieras mi corazón,
Para que sepas todo lo que hay dentro de él
Y que seas tú quien reparara tanto daño.

Cuando lo hiciste no te sorprendiste
De cuan escondido estaba tu nombre,
Me miraste, sonreíste y sólo dijiste:
“Toma tu Cruz y sígueme”.

Tu conocías cada recoveco de mi ser
Sabías todo lo que habitaba en mi interior,
No ignorabas el dolor que de mi se apoderó
Y conocías mejor que yo el pecado que me alejó de vos.

Empezaste a acomodar de a poco
A ubicar cada cosa en su lugar,
A ventilar hasta los rincones más profundos
Y buscaste entre tanto, el amor que de ti había rechazado.

A medida que ibas levantando lo que estaba caído
Sentía que me desgarraba lentamente,
Y no hacía más que llorar
Pero me aferré a tu mano fuertemente .

Fuiste mostrándome las puertas que te había cerrado
Y el poco lugar que había designado para ti,
Pero que aún así eras feliz de poder vivir en mí
Porque sabías que algún día preguntaría por ti.

No te importó cuanta basura penetraba ese lugar
Porque la ibas haciendo a un lado,
Y cuando ya no quedó espacio suficiente para tu amor
Una lágrima de mi espíritu brotó.

Dejaste que de a poco la luz me penetrara
Silenciaste todo el ruido que me turbaba,
Tu misericordia fue infinita
Fortaleciste mi fe y arrancaste las debilidades de mi alma.

Sin interés alguno y con una inmensa ternura
Evitaste que mi vida siguiera perdida,
Purificaste profundamente mi corazón
Y habitaste en él sólo por amor.

Hoy volví a nacer gracias a tu compasión
Comprendí que sólo se puede amar si tu moras en mi,
Que el dolor se convierte en alegría si te lo entrego
Y que no hay nada que me turbe si deposito mi confianza en ti Señor.