Mis ojos ya no pueden ver
No logran apreciar la belleza de tu rostro
Ni consiguen posarse en tu mirada
La ceguera los ha invadido enteramente.
Mis manos ya no pueden tocarte
No logran trabajar por amor a ti
Ni consiguen servirte con amor
El vacío las ha invadido totalmente.
Todo parece perdido y el desierto se ha apoderado de mí ser
Todo parece perdido y la oración se ha vuelto mi peor enemiga
Todo parece perdido y tus palabras me parecen vacías
Pero cuando todo parece perdido me sumerjo en la eucaristía.
Mi corazón ya no puede sentirte
No logra hallar tu consuelo
Ni consigue sumergirse en tu amor infinito
La sequedad lo ha invadido casi por completo.
Mis oídos ya no pueden escucharte
No logran percibir tus palabras
Ni consiguen distinguir tu voz entre tanto bullicio
La sordera los ha invadido íntegramente.
Todo parece perdido y el desierto se ha apoderado de mí ser
Todo parece perdido y la oración se ha vuelto mi peor enemiga
Todo parece perdido y tus palabras me parecen vacías
Pero cuando todo parece perdido me sumerjo en la eucaristía.
Mis pies ya no pueden seguirte
No logran dar más de un paso sin tropezar
Ni consiguen caminar con firmeza
El miedo a caerse los ha invadido plenamente.
Mi boca ya no puede alabarte
No logra pronunciar tu nombre sin sentirse indigna
Ni consigue aclamarte entre tanta distracción
El silencio ha callado mi voz y la ha invadido profundamente.
Mis sentidos ya no están puestos en ti
No logran resguardarse del mundo
Ni consiguen alejarse del pecado
La poca fe los ha invadido absolutamente.
Todo parece perdido y el desierto se ha apoderado de mí ser
Todo parece perdido y la oración se ha vuelto mi peor enemiga
Todo parece perdido y tus palabras me parecen vacías
Pero cuando todo parece perdido me sumerjo en la eucaristía
Y es ahí cuando vuelvo a nacer y tu me das la fortaleza de cada día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario