Quítanos el velo de nuestros ojos
Rompe la coraza de nuestro corazón,
No permitas que seamos tan ciegos Jesús
Y no veamos los prodigios más grandes de la vida.
Disfrutar cada paso que doy camino a tu casa,
Caminar hasta tu iglesia cada día,
Recorrer con mis pies el pasaje hasta tu altar
Peregrinar por las calles en tu nombre.
Cuantos quisieran caminar hacia ti y no pueden.
No permitas Señor que mi corazón quede inválido.
Poder arrodillarme ante ti y suplicarte,
Dulce movimiento el de mis rodillas al flexionarse,
Infinitas las gracias que a los pies de tu cruz
Recibo al postrarme.
Cuantos quisieran rendirse en tu presencia y no pueden.
No permitas Señor que me quede parada ante ti.
Levantar la mirada hacia el cielo,
Ver la hermosa cruz que cargaste por mi,
Apreciar el milagro del pan y el vino
Convertirse en tu cuerpo y en tu sangre.
Cuantos quisieran verlo y no pueden.
No permitas Señor que mi alma quede ciega.
Alabarte día y noche, hablarte al oído
Suplicarte a gritos tu misericordia,
Cantarte y gloriarte intensamente
Rezar el rosario a viva voz.
Cuantos quisieran nombrarte y no pueden.
No permitas Señor que calle mi testimonio de fe.
El amor y la dulzura de tus palabras
La melodía que me acercas en una canción,
El consejo sabio del sacerdote
Los testimonios maravillosos que hablan de ti.
Cuantos quisieran escucharlo y no pueden.
No permitas Señor que mis sentidos sean sordos.
Amarte infinitamente y entregarme a tu voluntad,
Ser fiel a tus mandamientos a cada segundo,
Vivir bajo el manto de María y en lo profundo de tu corazón,
Llenar mi espíritu con la Santa Misa.
Cuantos quisieran y aún no conocen tu amor.
No permitas Señor que mi corazón se aleje de ti.
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